Hernando Cabezón, hijo del gran organista ciego Antonio de Cabezón (ca.1510-1566), dice en el prólogo a la edición de las obras de su padre, Obras de música para tecla, arpa y vihuela (Madrid: F. Sánchez, 1578), al final del proemio:

«Anduvo siguiendo y sirviendo al católico rey don Philipe, nuestro señor, de quien fue tan bien querido y estimado cuanto pudo ser hombre de su facultad por rey ninguno, y aún en demostración desto hizo sacar su retrato y le tiene hoy en día en su real palacio».

Este retrato, obra del gran Alonso Sánchez Coello, desapareció en el incendio que asoló el alcázar de Madrid en 1734. No sabremos nunca cómo era el rostro de Cabezón en aquel cuadro, así descrito en un inventario de la corte de 1636: «Un lienço al olio de cinco pies de ancho, poco más o menos, con moldura pintada en el mismo lienço, en que está retratado Cabeçón el ciego tocando un órgano, vestido de negro, sentado sobre un escaño y una almohada dorada… de mano de Alonso Sánchez».

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *